
La mayor parte de la población come mal o, más bien, muy mal. Basta con comprobar cuáles son los productos más vendidos en los supermercados y observar los índices actuales de sobrepeso y obesidad. Con una lógica aplastante, esto nos indica que nuestro primer y gran objetivo debe ser, simplemente, dejar de comer mal.
Seamos sensatos: no es momento de perdernos en ajustes milimétricos de kilocalorías, controlar el índice glucémico, medir la calidad de los nutrientes, hacer ayunos intermitentes, tomar probióticos, suplementar con magnesio o buscar versiones fit de nuestras recetas preferidas. Obsesionarse con estas estrategias es un fiel indicador de que no se comprende la raíz del problema.
Por encima del fin biológico de nutrirnos, se ubica la experiencia sensorial que vivimos al morder, masticar, oler y degustar la comida. Sin embargo, esta experiencia está profundamente alterada por el abuso indiscriminado de productos hiperpalatables. Dicho de otra manera: tu cuerpo sufre una grave «sordera sensorial» ante el sabor real que ofrecen los alimentos de toda la vida. En mayor o menor medida, esta sordera afecta a gran parte de la población, incluidos los profesionales sanitarios y de la nutrición; por eso ellos mismos son los primeros en emitir un mensaje tan sesgado.
Si quieres perder peso, mejorar tu salud o transformar tu imagen corporal, el mejor camino es restaurar tu capacidad sensorial. Es posible, es fácil y solo requiere unos meses. Deja atrás el discurso manido sobre el peligro de las restricciones, el hambre emocional, la epidemia de problemas hormonales y el estrés generalizado. Deja de dar vueltas y súmate a esta nueva corriente emergente. Tienes a tu disposición un manual breve, Adelgaza con la cabra verde, o una opción más extensa y profunda: El Algoritmo de la Alimentación.

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